lunes, 6 de febrero de 2012
Recuerdos
Fue como si no hubieran pasado treinta y dos años. El hombre se desplomó a un par de metros delante mío y comenzó a convulsionar. La sangre brotaba de una de sus cejas y se confundía con la de las muchas heridas que se había hecho mi padre en la misma situación. En mi interior siempre temí repetir la escena tantas veces vivida en mi infancia, y ahí estaba yo, frente a este desconocido de la calle, que solo me tenía a mí en ese momento. Si el hombre hubiera perdido una de sus piernas, estoy segura que habría podido recogerla y llamar a la ambulancia con absoluta calma, por el contrario estaba aterrada, el hombre convulsionaba mientras yo hacía un recorrido por mi ingrata infancia que siempre quise borrar. Me incliné a ayudarlo y pronto mis manos y mi uniforme estaban cubiertos de sangre. Sostuve su lengua para evitar que se mordiera, hasta que el ataque se detuvo, pedí ayuda y me pareció eterna su llegada. A la vista de cualquier curioso, yo estaba actuando correctamente, a mi vista, mis manos temblaban, las lágrimas me nublaban las ideas y las ganas de huir me asfixiaban. Primero apareció una moto con dos médicos. Cuando habían estabilizado al hombre llegó la ambulancia. Desde la camilla, tomó mi mano y sus ojos me agradecieron. Cuando crucé la calle dejé que el llanto tomara posesión y una vez más fui una niña que había perdido a su padre en muchos ataques de epilepsia.
viernes, 13 de enero de 2012
De alta
María está amarrada otra vez de pies y manos. Ayer golpeó al hombre que viene a visitarla. Grita al tiempo con la señora de la habitación del fondo. Lo peor de este lugar fue haber compartido mi espacio con ella. Los médicos dicen que ya me puedo ir a casa, no tardan en venir a buscarme. Yo finjo que todo está perfecto con tal de no tener que seguir aguantándome esta loca.
viernes, 6 de enero de 2012
Bienvenida al club
Me advirtieron que para darme el empleo debía deshacerme de mi virginidad cuanto antes. Fue un viernes de agosto, no lo olvido. Solo podía pensar en las cosas que había visto en la vitrina del centro comercial.
jueves, 5 de enero de 2012
Rencor II
Le dije que lo sabía todo, y lo único que se le ocurrió preguntarme fue si yo le había contado a la otra que andábamos juntos. Me hubiera gustado hacerlo pero no soy rencorosa.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Rencor I
A ella le pareció que podía confiar en mí y decidió contarme que salía con él desde hacía tres años.Todo tuvo sentido en ese momento. Las mentiras, los olvidos y los cansancios eran lógicos. El pobre no tenía estado físico para respondernos a las tres.
sábado, 29 de octubre de 2011
Libertad
Cuando le dijo a su padre que pensaba huir hacia Bogotá, él, tímidamente, la alentó a que lo hiciera. Ambos llevaban demasiado tiempo soportando los insultos de la madre y los dos hijos varones. El padre nunca sería capaz de hacer lo que haría su hija, por eso, hizo lo que pudo para darle ánimo en su aventura. Ella fingió salir para la escuela y él para el trabajo. Antes de subirse al bus, él la bendijo y la besó en la frente. Se sintió tan orgulloso de ella que dejó escapar un par de lágrimas. Fueron más de diez horas de carretera, ella se mantuvo despierta. Al llegar al terminal los agentes de policía la detuvieron confundiéndola con una ladrona y la encerraron en prisión. Él a veces la llama por teléfono y le pide que le cuente cómo es eso de la libertad.
jueves, 20 de octubre de 2011
Intromisión
Acostumbraba a olvidar que había mentido y siempre metía la pata. Una vez me dijo por celular que se encontraba en otro lugar, mientras yo lo observaba por la ventana de su casa. Sentía un enorme placer espiando cada uno de sus movimientos, los de él, que siempre estaba protegiendo su vida privada, solo para hacerse el misterioso pues en realidad no tenía nada que ocultar. A veces lo veía durante horas mirando a un mismo punto y al día siguiente me decía que había estado en una reunión de negocios. Minutos después cuando le preguntaba detalles de la reunión, no sabía de qué le hablaba. Aseguraba ser una persona muy ocupada, pero era en realidad una persona muy sola. No volví a saber de él desde la madrugada en que a hurtadillas se subió a un taxi con un par de maletas.
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