sábado, 12 de mayo de 2012

Ideación suicida

No es la primera vez que contemplo el suicidio, pero de pensar en el escándalo bochornoso que haría mi madre en mi entierro, siento vergüenza y no soy capaz de hacer pasar a los asistentes  por la incómoda situación de oír cómo la vida de ella es tan desgraciada que hasta yo se la desgracio muriéndome. No me ha quedado más alternativa que seguir viviendo solo por la maldita culpa que me produce la posibilidad de  morirme cuando yo quiera. Hace unos años, cuando le dijeron  que su cáncer estaba tan avanzado que solo viviría unos meses, yo celebré en mi interior porque al fin  podría morirme en paz, pero no, no pude, a ella le dio por recuperarse y mantenerme con vida.  A veces,  de manera descuidada dejo la ventana de su habitación abierta durante la noche, esperando que pesque una neumonía, pero no ha funcionado, si sufre un leve dolor de cabeza hago fuerza para que sea un derrame, pero se alivia pronto, he querido empujarla accidentalmente por las escaleras y aún no he tenido valor, creo que su salud y su suerte acabarán conmigo antes que yo.

jueves, 10 de mayo de 2012

Biblioteca en ruinas

Somos más de dos mil, fuimos  encerrados desde hace meses. Hemos empezado a caer unos sobre otros y nuestras historias a confundirse entre páginas ajenas. Nos engañaron diciendo que sería cuestión de tiempo, mientras las adecuaciones. Los primeros días oíamos a los de afuera comentando cómo mejoraría nuestra vida, cuando dejamos de oír sus planes supimos que  este sería el fin. Lento y doloroso. Los que estaban más cerca se lanzaron contra la chapa de la puerta intentando huir, pero no lo lograron, solo consiguieron caer al piso con sus páginas abiertas. Los de pasta dura no han perdido la compostura, y todavía esperan un milagro. A los que están más cerca del piso les han empezado a salir unas manchas que despiden un olor terrible.
Ya no reparamos en los rebuznos que vienen de afuera.

viernes, 4 de mayo de 2012

Besos de Nueva York


Me besaste en Rockefeller Center para demostrarme lo feliz que te hacía  cumplir el sueño de estar en Nueva York. No me besaste ni una sola vez más en todo el viaje, no me importó, sabía que no lo harías. Ver tus pies flotando por las calles de Manhattan y tu sonrisa silenciosa y feliz valía por todos los besos.
Me abrazaste durante diez minutos al salir de la librería de Penn Station después de comprar el libro que siempre habías deseado tener. Entre tus brazos te escuché sollozar. Hoy no me amas, no te interesa  ni ser mi amigo, por mi parte yo lleno tu ausencia con mis recuerdos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Facebook

No pierdo el tiempo, solo paso todo el día frente al computador esperando  que me desbloquees.

martes, 14 de febrero de 2012

Lección

Durante un par de semanas le restó importancia a la ausencia de su sombra, sin embargo, cuando se hizo necesario identificarse  probó primero con su huella digital , luego con su carta dental y por último con su ADN; sin obtener ningún resultado, concluyó que todo cambiaría cuando aprendiera a existir.

domingo, 12 de febrero de 2012

Sin final feliz

Cuando lo vi, supe que quería tener un hijo con él. Cuando supo que tendríamos un hijo, se sintió obligado a pedirme matrimonio. Cuando supe que moriría de tedio, decidí irme. Cuando supo que me iba, ayudó a subir las cajas al camión de la mudanza. Cuando supe que éramos libres, mi hijo decidió volver con su padre.

lunes, 6 de febrero de 2012

Recuerdos

Fue como si no hubieran pasado  treinta y dos años. El hombre se desplomó a  un par de metros delante mío y comenzó a convulsionar. La sangre brotaba de una de sus cejas y se confundía con la de las muchas heridas que se había hecho mi padre en la misma situación. En mi interior siempre temí repetir la escena tantas veces vivida en mi infancia, y ahí estaba yo, frente a este desconocido de la calle, que solo me tenía a mí en ese momento. Si el hombre hubiera perdido una de sus piernas, estoy segura que habría podido recogerla y llamar a la ambulancia con absoluta calma, por el  contrario estaba aterrada, el hombre convulsionaba mientras yo hacía un recorrido por mi ingrata infancia que siempre quise borrar. Me incliné a ayudarlo y pronto mis manos y mi uniforme estaban cubiertos de sangre.  Sostuve su lengua para evitar que  se mordiera, hasta que el ataque se detuvo, pedí ayuda y me pareció eterna su llegada. A la vista de cualquier curioso, yo estaba actuando correctamente, a mi vista, mis manos temblaban, las lágrimas me nublaban las ideas y las ganas de huir me asfixiaban. Primero apareció una moto con dos médicos. Cuando habían estabilizado al hombre llegó la ambulancia. Desde la camilla, tomó mi mano y sus ojos me agradecieron. Cuando crucé la calle dejé que el llanto tomara posesión y una vez más fui una niña que había perdido a su padre en muchos ataques de epilepsia.