sábado, 29 de octubre de 2011
Libertad
Cuando le dijo a su padre que pensaba huir hacia Bogotá, él, tímidamente, la alentó a que lo hiciera. Ambos llevaban demasiado tiempo soportando los insultos de la madre y los dos hijos varones. El padre nunca sería capaz de hacer lo que haría su hija, por eso, hizo lo que pudo para darle ánimo en su aventura. Ella fingió salir para la escuela y él para el trabajo. Antes de subirse al bus, él la bendijo y la besó en la frente. Se sintió tan orgulloso de ella que dejó escapar un par de lágrimas. Fueron más de diez horas de carretera, ella se mantuvo despierta. Al llegar al terminal los agentes de policía la detuvieron confundiéndola con una ladrona y la encerraron en prisión. Él a veces la llama por teléfono y le pide que le cuente cómo es eso de la libertad.
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